El 10, carnes y vinos. Una sorpresa en un local de carne

Siempre hay lugar para la sorpresa en el universo de la cocina limeña. Unas veces mejores y otras no tanto, pero lo inesperado acaba haciéndose un hueco entre la rutina de cada día. No se bien como llegué al cruce de Petit Thouars con Carlos Tenaud. El 10 Carnes y vinos estaba en la lista de recomendaciones pendientes, pero sin ninguna nota añadida; solo el nombre y el distrito. Me acerqué hasta allí para encontrar un comedor de tipo medio y sin grandes pretensiones que recorre la esquina del edificio, con un televisor desgranando competiciones deportivas. ¿Quién sale a comer una noche de sábado para ver fútbol internacional? No es buen comienzo.

Pregunto al llegar y me cuentan que es el tercer local de la marca, nacida hace diez años en este espacio, y que están por abrir el cuarto. Es de esos negocios que no me parece mal que se multipliquen. La oferta es sencilla, se basa en el producto y sólo necesita un par de dosis de sentido común y una y media de sensibilidad para reproducirse hasta el infinito sin que la fórmula se vea afectada. Sigo preguntando y me cuentan que el local nacisirvi iñon vinos naturalessdúde ivando en lo que acabo de encontrar. ilidad para reproducirse hasta ek infinito sin que la fa enó sirviendo menús y acabó derivando en lo que acabo de encontrar.

No es un gran restaurante, pero es un buen local medio en el que las cosas se hacen con gusto y buenos resultados. Y además se maneja con precios controlados. Todo empieza por la carne. Es el mismo angus criado en establos, sin moverse y engordado de forma forzada y antinatural que utilizan todas las parrillas limeñas con la excepción de Osso, pero en esta casa lo saben tratar. Pido un bife de chorizo lo más crudo que sepan hacerlo y me llega preciso de punto, tierno, con el interior crudo y sin embargo caliente. No es tan difícil lograrlo, pero no parece una habilidad compartida por la mayoría de nuestros parrilleros. La parrilla ofrece otro momento feliz en forma de verduras asadas; pimientos –lo mejor de la fuente-, cebolla, espárragos verdes, zucchini, papa y tomate (ese tomate pera no merece el honor de estar en una fuente así), conforman una propuesta grata, sencilla y bien rematada con un hilo de aceite de oliva. Le sobraban los hilos de poro frito que presidían la fuente –toda una obsesión; aparecían cubriendo todos los platos, menos el postre-, pero el resultado era realmente bueno. El pulpo a la gallega cumple con lo anunciado, aunque llega corto de cocción. Un poco más de ternura multiplicaría la naturaleza del plato. La milanesa a la napolitana ofrece una carne tierna y una cobertura de queso controlada para lo que se estila en las preparaciones del género, hasta respetar el sabor de la carne, la morcilla es buena y los chorizos de producción propia son suaves y agradables. Todo en esta casa parece manejarse a un buen nivel medio, hasta que llega el café. Mejor se lo saltan y se ahorran el mal trago.


 

AL DETALLE

Puntuación: 2,5 estrellas sobre 5.

Tipo de restaurante: parrilla argentina.

Dirección: Petit Thouars 4599. Miraflores. Lima.

T. 7176610.

Tarjetas: Todas.

Valet parking: sí.

Precio medio por persona (sin bebidas): 70 soles.

Bodega: suficiente.

Observaciones: cierra la noche del domingo.

 

Share on FacebookTweet about this on Twitter