Un mercado irrepetible

La carachama es un pez extraño, feo como un demonio, con el cuerpo triangular y forrado de escamas coriáceas. Veo retorcerse unas docenas en un cesto. Al lado se deja notar la pata suelta y la cola de un lagarto blanco; imposible no ver la mano, destaca sobre todos los que la rodea. En el siguiente puesto hay alguna doncella, tres o cuatro maparates, unos peces gato, con piel en lugar de escamas, y una docena de pirañas, dentudas y con vetas anaranjadas. Un mercado irrepetible

Un marcado sabor oriental

La reapertura de Pujol es el acontecimiento gastronómico de la temporada en Ciudad de México. El restaurante de Enrique Olvera cambió el viejo local por otro más amplio y luminoso, a pocas cuadras de allí. La novedad es una barra de tacos con diez asientos. Lo cuenta David Marcial Pérez en este diario y aunque habla de otros cambios, es el que llama la atención general. Más por el concepto que por la barra o los tacos en sí mismos. El nuevo espacio reinterpreta el taco desde la perspectiva del omakase, que viene a ser la versión japonesa de la taquería. Allí es una oblea de pasta de arroz la que ocupa el lugar de la tortilla y el relleno es tan variado como de esta parte, aunque encarna la sofisticación oriental. Priman los detalles y los matices por encima del volumen y la expresividad. Un marcado sabor oriental

Revolución en el fondo de la piscina

Las claves de la próxima revolución gastronómica pueden estar dentro de una bola de acero anclada en una piscina. Incluso podrían llegar a desvelarse en el fondo de un tazón de All Bran con pasas sultana, servido en un local consagrado a la venta de cereales con leche al que los más avanzados llaman restaurante. Leo de las dos en el diario y no sé bien cual elegir. Lo de los crunchikrispies se me antoja el remate ideal para una tarde de Prozac; veo más cocina en un jugo de naranja que en echar leche a un tazón de Coco Pops, aunque añadan topping de fantasía, pero doctores tiene la santa madre gastronomía. La suerte quedó echada con la bistronomía, el porn food y los gastrobares. Un universo de experiencias increíbles nos espera a la vuelta de la esquina. ¿Quién podría perdérselo? Revolución en el fondo de la piscina

Cocinas y restaurantes en Ciudad de Panamá

El concolón de arroz con cochinillo que prepara Mario Castrellón en Maito (Coco del Mar, Ciudad de Panamá) viene a ser una versión divertida, lograda y fresca del tradicional arroz pegado al fondo de la cazuela. Técnica y formas nuevas para un recurso –más que un plato es la forma de aprovechar el sobrante de otro- de los de toda la vida. Llega convertido en una lámina de arroz de medio centímetro de grosor, crujiente por fuera y jugosa por dentro, que doblan por la mitad para transformarlo en una especie de taco que esta vez han rellenado con tiras de cochinillo asado. Un plato redondo, se mire por donde se mire. Cocinas y restaurantes en Ciudad de Panamá

La cocina de las vanidades

Prendo el televisor dispuesto a encarar otro documental dedicado a un cocinero de fama. No importa cual, cada mes hay tres nuevos. La cocina es el centro de atención de nuestro tiempo. Se le dedican más tiempo y metraje que a escritores, artistas, científicos, activistas o filósofos. O no; los que veo presentan al cocinero como el pensador de nuestro tiempo. No se rían, por favor. Las producciones independientes se multiplican y tenemos una serie que estira ya su tercera temporada en Netflix. Conozco bien a muchos de ellos y mi interés es el contrario del que anima la serie. Prefiero saber más de su relación con la cocina que sobre su forma de encarar la vida; me interesa bien poco su filosofía de mesa camilla. La cocina de las vanidades

Sorpresas en Boquete

Llego a Boquete buscando café, como casi siempre que vengo a Panamá. Es el lugar de origen de algunos de los cafés más cotizados y valorados del mundo. Me aparezco en plena cosecha y el producto está, pero todavía reposa antes de que las tostadoras empiecen a ponerse en marcha. Hay que darle descanso después del secado para que asiente sus virtudes. Al de aquí se le suponen las bondades, sobre todo si es un geisha, la variedad que ha convertido este pequeño pueblo en una de las referencias soñadas por el universo cafetero. Sorpresas en Boquete

Los adelantados de la brasa

Hay cuatro parrillas que me emocionan en América Latina y tres de ellas están dedicadas a la carne. Una se llama Don Julio y abre cada día en el barrio de Palermo, en Buenos Aires, y la segunda es Osso, nació en La Planicie, en Lima, y acaba de abrir sucursal en San Isidro, al otro lado de la ciudad. El primero brilla casi aislado en un mundo en el que cabría imaginarle rodeado de una multitud, mientras el segundo es un local exótico en un país en el que la carne de vacuno es más una aspiración del nuevo comensal que una certeza. Osso (Centro Empresarial Camino Real, Vía Central 172, San Isidro) es todo un referente. Los adelantados de la brasa

No hay un muro para los sabores

El mercado estadounidense consume ya más tortillas que pan de sándwich. Lo dice un informe en el que la Asociación Nacional de Restaurantes (NRA) marca los terrenos culinarios más transitados por los sabores del norte. Hay otros datos a tener en cuenta. Un ejemplo: las ventas de salsa roja mexicana –la salsa más simple, preparada a base de chile, cebolla y tomate- en el mercado del gigante norteamericano están a punto de duplicar la facturación alcanzada por el kétchup. La salsa que un día definió la imagen de la cocina popular estadounidense pasó a un segundo plano, desplazada por otra que muestra el mismo color pero cambió el dulce por el picor y nació en unas tierras que su nuevo presidente ha decidido convertir en extrañas. La salsa mexicana es una referencia inevitable. No hay un muro para los sabores

Brindillas, el restaurnte escondido

Más que un restaurante, Brindillas es una reflexión. En todo caso es el fruto de ella y al tiempo el motivo que la provoca. Me hace pensar desde que ocupo plaza en una de las pocas mesas repartidas por el local. Están suficientemente separadas, propiciando esa fascinante intimidad que se comparte en público –mostrando y escondiendo a partes iguales- tan infrecuente en los restaurantes de nuestro tiempo. La serenidad sustituye al fragor que enturbia el paisaje de los comedores al uso (el ruido se consolida como el estado natural de nuestras cocinas) y se apropia del espacio. Todo parece relajado, discreto e íntimo. Un comedor casi fuera de tiempo. Brindillas, el restaurnte escondido

El pueblo del pan

Oropesa es un pueblo tranquilo. A primera hora de la mañana vive en el silencio, solo roto por un par de autos, una moto y la conversación de tres señoras camino de no sé donde. Apenas hay rastro de sus 6400 habitantes. Llego con la certeza de que debería oler a pan, pero nos es así. Para eso debí aparecerme de madrugada, cuando los ochenta hornos panaderos del pueblo están a pleno rendimiento, preparando los panes populares y las descomunales chutas que marcan la referencia en la panadería serrana del Perú. Son las nueve del día y los hornos ya están tibios, las chutas horneadas hoy reposan hasta mañana en las artesas y las de ayer salieron con la primera luz camino de Cuzco, donde se estarán vendiendo en las calles, las esquinas y algunos puestos del Mercado de San Pedro o el de Vinocanchon. El pueblo del pan

Un año para el producto

La despensa latinoamericana es un descomunal tesoro que casi nadie frecuenta y muy pocos han sabido entender. Es el mayor activo de unas cocinas cuyo crecimiento depende de su capacidad para descubrirlo, desenterrarlo, aprender a conocerlo y finalmente ponerlo en valor. La región mesoamericana, la cordillera andina y la Amazonía conforman un espacio geográfico y vital capaz de trastocar por sí solo el paisaje de todos los mercados del mundo, gracias a una diversidad que apenas ha sido explorada y mucho menos mostrada. Este será el año del producto para las cocinas de la región. Un año para el producto

Dejen a la abuela en paz

La cita es en la filial de un restaurante de éxito, una de esas segundas marcas que buscan en lo casual la reivindicación popular y la solvencia económica de las que suele carecer la alta cocina. Me dicen que el propósito es mostrar la cocina de las abuelas y como cada vez que escucho las palabras abuela y cocina unidas en la misma frase, se me encienden todas las alarmas. Una de mis abuelas tenía a bien convertir la cocina en una actividad de riesgo y la vida se ha ido ocupando de enseñarme que no estaba sola. Son una legión. Dejen a la abuela en paz

El pescado en un océano de carne

Son casi las tres de la madrugada y no hay mucha actividad en la nave que el mercado central de Buenos Aires dedica a la venta del pescado. Apenas veo tres o cuatro empresas en actividad –todos son negocios familiares: Pescadería Teresa, Rugge mar, Mellino…-, un par de cientos de cajas con pescado y poco movimiento. Antes era el doble de grande, pero el volumen de negocio ha bajado y se tapió la mitad del galpón. No hace falta más. Eso fue después de que el Mercado Central perdiera el monopolio de la comercialización del pescado y aparecieran nuevos espacios de venta en Constitución. El pescado en un océano de carne

Más de veinte años escribiendo la cocina

“La academia en la olla” es el título del primer libro de cocina publicado por la Universidad San Martín de Porres, en Lima. Era el año 1995 y la obra reunía las intervenciones de una docena de escritores y pensadores en el II Seminario internacional de turismo y gastronomía, organizado por la propia universidad, que se había celebrado a fines del año anterior. Acabarían convertidos en autores todos los ponentes del seminario, entre los que figuraron el periodista Jorge Salazar y los poetas Antonio Cisneros y Carlos Zúñiga. Las cocinas de aquel Perú vivían tiempos muy diferentes. Más de veinte años escribiendo la cocina

Carne

Crecí en una Europa en la que las vacas vivían cuerdas y teníamos la carne argentina instalada en el deseo. Era nuestro mito, real pero casi inalcanzable. También eran otros tiempos. Apenas sabíamos nada de las reses de la pampa –muchos hablaban de ellas pero nadie las vendía- y en nuestro micro universo culinario madrileño muy pocos sabían de los angus premium de Oregon y menos aún de un animal llamado wagyu. Apenas empezábamos a descubrir las razas que nos daban identidad: la pirenaica, la rubia gallega, la tudanca, el retinto… En nuestro antiguo Madrid la carne se administraba a golpe de chuletones servidos en los asadores vascos. Carne

La recolectora de Atacama

La rosa del año crece en los linderos de los huertos del valle del Jere y el Bosque Viejo, en la parte baja de Toconao. Los kunza que vivieron las tierras que hoy son de los lickanantai le pusieron ‘lugar de piedras’, un nombre bastante descriptivo. Este rosal no es una planta generosa, apenas da un par de flores por año, pero puede que sea precisamente ese el secreto de su grandeza. O tal vez resulte del sol cayendo a plomo un día y otro sobre el rosal y todo lo demás, o de la aparente hostilidad del medio, o ¿quien sabe, puede que venga de la escasez de agua, aunque los rosales reciben hoy riego para asegurar su vida. La recolectora de Atacama

Un lagarto en el plato

La carta del restaurante Gustu lo deja claro: es temporada de lagarto en el rio Beni. Los takana están acabando una campaña que apenas se alarga un mes al año y la carne del reptil empieza a llegar a las cocinas del restaurante. Bastan un par de días para que aparezca en la mesa dentro del menú que ofrece Kamilla Seidler. Estamos en La Paz y el plato del momento se llama ‘sandía con lagarto crudo, frutilla y flor de sauco’. Su llegada a la mesa provoca menos exclamaciones que la lectura de la propia carta y se pasa en dos bocados de la mirada curiosa a la sonrisa complaciente. Al final no era para tanto. Un lagarto en el plato

Cosas que ocurren en Buenos Aires

Buenos Aires habla de cocina como no lo había hecho antes. No es el acabose, pero resulta ser mucho más de lo que sucedió hasta ahora; la noticia es que empiezan a suceder cosas, algo a lo que no estábamos acostumbrados. Tal vez sea consecuencia de ese título extraño y algo empalagoso de ‘Capital iberoamericana de la cultura gastronómica’, que la ciudad ostentará durante el próximo año. Es la primera vez que lo exhibe una capital auténtica (antes lo mostraron las españolas Córdoba y Mérida y la mexicana Guanajuato) lo que le da una entidad de la que antes no pudo presumir. Cualquier pretexto es bueno. Cosas que ocurren en Buenos Aires

La tradición nació para ser cambiada

El mundo mira a la cocina con los ojos bien abiertos. Unas veces con gesto de admiración, otras en demostración explicita de incomprensión y muchas más de las debidas estremecido por la tragedia de quienes buscan solución al enigma del hambre en medio de la opulencia. No es una historia exclusiva de nuestro tiempo, aunque cada día define rutas y significados nuevos en la relación del hombre con el hecho alimentario. Es el motor que impulsa el desarrollo de la sociedad; lo escribió el biólogo Faustino Cordón hace una pila de años -‘Cocinar hizo al hombre’ (Los 5 Sentidos)- abriendo la puerta a la alimentación evolutiva. Todo cambió para el ser humano el día que domesticó el fuego y aprendió a llevarlo en el bolsillo. La tradición nació para ser cambiada

Los vinos desnudos

Le Chinón no es un vino popular. Tampoco es convencional; más bien es un vino extraño. Lo intuyes cuando ves la botella y se confirma al acercarte a la copa. Está entre los tintos pero el color se acerca más a un clarete antiguo que a lo esperado en un vino de su naturaleza, y además está turbio. ¿Más? Muestra una notable y chocante complejidad aromática, traducida con el primer sorbo en una inesperada explosión frutal, y una acidez bien marcada. Se bebe fácil; es un vino goloso, pero sobre todo es diferente. Los vinos desnudos

La fundación de Leo Espinosa

“Cuando empecé a investigar en nuestra cocina no era capaz de quedarme sentada leyendo; preferí hacerlo viajando. Y así recorrí la costa del Pacífico y acabé enamorada de la cultura afro, de esa tierra y esa gente”. Por lo que me cuenta Leonor Espinosa, la cocinera elevada por los ranking culinarios al lugar más destacado del escalafón colombiano, este fue el punto de partida de lo que el tiempo ha convertido en una especie de cara b de su trayecto culinario, concretada desde agosto de 2008 en Fundleo, la fundación que lleva su nombre. La fundación de Leo Espinosa

Las nuevas formas del café

El universo del café se agita. El espresso sigue siendo el rey pero le han salido compañeros respondones. La competencia se forjó en Norteamérica y baja a marchas forzadas por América Latina, mostrando una presencia creciente en la región. Los aficionados al café tiene nuevas referencias. Unas son tan clásicas como la prensa francesa, otras, como la Driper, resultan relativamente novedosas –recuerdan a la popular Melita- y algunas más marcan referencias tan llamativas como Aeropress, Chemex o Siphon. Las nuevas formas del café

Tres días en Cartagena

Cecilia Teherán Martínez es en realidad Ceci, la cocinera que anima la parte que el mercado de Bazurto dedica al pescado frito. Está bien cerca de una de las entradas al laberinto de puestos que soportan la estructura vital del gran mercado de Cartagena de Indias y no tiene pérdida. Todo el mundo conoce Donde Ceci, que viene a ser el epicentro de cualquier peregrinaje. Para las ocho y media o nueve de la mañana ya tiene listo su arroz con cangreja, o con jaiba, o con otro marisco que le cuadre. También hay pescado frito y unas cuantas cosas más. Cuento como una decena de ollas echando humo y añadiendo calor al sofoco de la mañana cartagenera. Cecilia trabaja hoy con róbalo, sábalo, toyo o mero. Los encuentro además de la raya en alguna de las pescaderías del mercado, junto a especies que no he visto nunca. El mero es tan chico –del tamaño de una mano- que no debería estar a la venta. Tres días en Cartagena

Al servicio del producto

El plato suena atractivo y tiene uno de esos nombres largos que tanto alivian la inseguridad de los cocineros de nuestros días. El enunciado incuye la lista completa de ingredientes para que el cliente pueda valorar su trabajo (hay mucho de condescendencia y algo de desprecio en el detalle; parece que deben contárselo para que pueda entenderlo) y antes de llegar a la mesa ya está claro que tiene de todo: jurel, pepino tatemado, salsa verde a base de habanero y alguna cosa más. El resultado es agradable pero me suena confuso: el jurel perdió su sabor en el encuentro con tanto compañero de viaje. Sólo queda textura. Al servicio del producto

Los misterios del pejerrey

El comedor de Don Giuseppe es chico, familiar y resulta casi una prolongación de la cocina del restaurant. Estoy sentado a la mesa, junto a la puerta, y contra lo que pueda llegar a parecer por el nombre, no he ido hasta La Punta, justo allí donde este barrio independiente que marca diferencias con el resto de El Callao se engancha a fondo con el mar –el Pacífico a un lado y otro de La Punta, que acaba en un vértice rodeado de agua-, buscando un plato de cocina italiana. Sería inútil porque tampoco la sirven; lo único italiano de la casa es el nombre. Aquí se viene a comer cocina chalaca, que viene a ser la que define la identidad de esta extraña y contradictoria ciudad, provincia y región que es El Callao. Los misterios del pejerrey

Cocina joven en Bogotá

Julián Hoyos es un buen cocinero. Conoce el oficio y tiene la cabeza llena de ideas que intenta trasladar al plato. Algunas se desparraman sobre el cliente en el trayecto que las lleva a la mesa de la mano del propio cocinero, mostrando un discurso siempre peculiar, a menudo chocante y en ocasiones también confuso que conlleva el peligro de situarse por encima de la propia cocina. Sería una pena, porque la propuesta de Tres bastardos –Calle 71 #10-81; un minúsculo local de la Zona G en el que apenas hay espacio para una mesa con 14 asientos, una pequeña cocina y una barra aún más chica- es de las que merece la visita cuando te acercas a Bogotá. Me pareció la cocina con más ideas, mayor dominio técnico y que asume más riesgos de todas las que he conocido en la capital colombiana. También es la más actual. Todavía tiene deudas -la frialdad del espacio se traslada más a menudo de lo debido a las temperaturas del contenido del plato-, pero muestra un camino que merece la pena seguir transitando. Cocina joven en Bogotá

La agonía de una gran feria

Mistura se apaga. La gran feria culinaria que entronizó la cocina peruana cumple su novena edición en medio de un declive que se antoja imparable. Sin apenas patrocinadores, con un considerable descenso en el número de expositores, lagunas en sus instalaciones y una distancia cada día mayor del ciudadano, la hasta cuatro años gran feria gastronómica de Latinoamérica, languidece víctima de su propia ambición y el aislamiento generado por sus gestores. La agonía de una gran feria

El vino está de fiesta

Nunca había visto un sector vinícola capaz de cambiar tan rápido y de forma tan drástica como el chileno. Seis años han bastado para mostrar una realidad viva, vibrante y de una extraordinaria riqueza con la que sólo unos cuantos iluminados soñaban a comienzos de siglo, cuando el vino chileno nacía mayoritariamente para cubrir la demanda de un precario mercado interior, anquilosado y sin expectativas, y llenar estanterías de supermercados en el mercado norteamericano. De ahí a la consagración de valles que hasta hace veinte años apenas habían visto unas cuentas viñas o ninguna, la puesta en valor de otros resignados al papel de abastecedores de graneles y vinos populares, la recuperación de variedades y la proliferación de nuevas elaboraciones que rompen con las líneas convencionales de las grandes bodegas, explorando nuevos caminos y ahondando en las diferencias, apenas ha habido un suspiro. Todo un record. Del casi nada al todo en apenas seis años, poco más de lo que necesita una viña para propiciar un vino. El vino está de fiesta

Los sabores del café de Colombia

“El café es un producto muy complejo al que hemos tratado muy mal”. Es una de las primeras cosas que me dice Jaime Duque al poco de encontrarlo en el peculiar espacio que ha levantado en Usaquén, el primer distrito de Bogotá. Y me lo explica sin preámbulos. “El mundo no ha tomado café; ha tomado una mezcla de cafés malos mezclados con algo de café bueno para igualar y dos o tres sobres de azúcar, sin olvidar la leche que añaden a buena parte de las preparaciones. Hasta ahora hemos mezclado cafés y ha llegado la hora de ofrecerlo como es para poder descubrirlo. Sólo en Colombia hay 560.000 posibilidades diferentes”. Los sabores del café de Colombia

Una selva de cocinas

El cuenco de leche de sacha inchi que me acaban de servir ofrece tres o cuatro sorbos frescos, gratos y fragantes. Es un aperitivo y me recuerda mucho a la horchata, la leche de chufa que refresca el verano de los valencianos, aunque el sacha inchi desvía su camino hacia terrenos bien lejanos a los mediterráneos. Es un fruto amazónico con alto contenido en proteínas y en ácidos grasos que algunos conocen como maní del jíbaro. Mitad producto alimentario mitad ingrediente medicinal, empieza a ser habitual en muchas cocinas de la región amazónica, donde crece el árbol. Una selva de cocinas

El café deja paso a la coca en Puno

El café de Raúl Mamaní es fragante, elegante y amable, hasta emocionar. Se desvela con esa complejidad floral que distingue algunos de los mejores cafés del mundo y se consolida con una serie completa de recuerdos frutales que le dan un aire familiar y cercano. Entre la flor de azahar, el jazmín o los frutos rojos media el hilo conductor trazado por una acidez que marca sin fatigar. Es una de las grandes joyas del cafetal peruano y corresponde a la última cosecha, todavía en marcha. Los cafés de Raúl recibieron el título al mejor café del Perú en las campañas de 2013 y 2015. El café deja paso a la coca en Puno

Hamburguesa de ida y vuelta

Antes de ser un bocadillo, la hamburguesa fue un plato hecho y derecho. Sucedió hace tanto tiempo que ya no pueden quedar testigos de aquello, pero ocurrió. Está escrito, por si alguien no lo cree o no es capaz de imaginarlo. El filete preparado a la moda de Hamburgo era ante todo un plato de lujo construido a base de puro lomo fino –así le dicen en Colombia, mientras en Argentina y Perú es lomo, filete en México y Chile, lomito en Venezuela o filé mignon en Brasil, mientras en España es solomillo; cuando la carne de vacuno pasa las fronteras necesita llevar un diccionario en la mano- picado a cuchillo y preparado en mantequilla. Sin pan, lechuga, tomate o aros de cebolla. Hamburguesa de ida y vuelta

La cocina se mueve en Uruguay

María Elena Marfetán está contenta esta mañana. En Lo de Tere, su restaurante en Punta del Este, tuvieron ayer sesenta clientes y se vendieron quince raciones de lentejas con sargo. Se presenta como lentejas con pescado de roca y a veces es borriquera, pargo o corvina, pero ayer era sargo. María Elena procura que sean sargos, porque es el pescado que acompañó su niñez, y que hayan sido capturados por los pescadores artesanales de Maldonado o de Rocha. La cocina se mueve en Uruguay

El corte perfecto

Encuentro una pieza que llama la atención en las parrillas de La Mar, en Lima. Es obra de Andrés Rodríguez y la presentan bajo el nombre de cachete, aunque no explica ni de lejos lo que quiere representar, sino todo lo contrario. Dan la información equivocada. Nada que ver con los cachetes, que acostumbran estar en la cabeza de los pescados de mayor tamaño (también en los chicos, pero el tamaño del bocado los hace insignificantes). Lo que aquí se ventila está en realidad del cuello de una corvina hacia abajo; entre la línea de las agallas y el final del estómago. Cosas del castellano y las idas y vueltas que sigue mientras recorre las tradiciones culinarias de Latinoamérica, añadiendo algunos giros más conforme las cocinas renuevan el vestuario conforme avanzan, se van poniendo al día y renuevan vocabulario. El corte perfecto

Bocados mágicos

A simple vista, las papas que me muestra Amparo no tienen nada que exija atención. La piel arrugada y la media docena de tallos largos como dedos que brotan de ellas delatan su naturaleza de tubérculos viejos. Las acaba de sacar de la parte más oscura del almacén, donde descansan cubiertas de paja desde la cosecha, hace ya nueve meses, y son parte de las reservas que la familia Fernández guarda para comer a lo largo del año. De vuelta al hogar donde cocina, a la puerta de su cabaña, Amparo va retirando los tallos uno a uno, las pasa a una cazuela de barro con apenas un dedo de agua y las cuece despacio, hasta que el agua se agota y la cazuela se seca. Toma una entre sus manos, pasa el dedo gordo sobre la piel, obligándola a retirarse y me la tiende. Bocados mágicos

Edgar Núñez, un cocinero diferente

Sud 777 es un restaurante contradictorio, tal vez con un punto esquizofrénico. De hecho, es parte de uno de esos conglomerados que raramente se asocian a la cocina de calidad. Un bar de tragos, un japonés –Kokeshi- y la pizzería Ardente comparten instalaciones con el espacio en el que se escenifica la relación de la cocina de Edgar Núñez con sus clientes. No propone el marco soñado –no está bien iluminado y si hace frío se suele comer abrigado-, pero es uno de esos comedores a los que me gusta volver. Por el nivel de su cocina y por el trabajo de Edgar Núñez en la renovación de su carta, configurando la que sin lugar a dudas es la propuesta culinaria más variada, dinámica y por lo tanto más atractiva que encuentro en Ciudad de México. Edgar Núñez, un cocinero diferente